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Cuba, el dulce encanto de la dictadura

Ignacio DE LLORENS

fidel-castroSucedió ya en la época de la Revolución francesa, el terror ejercido contra la población por parte de la estructura estatal revolucionaria se justificaba por el peligro del enemigo exterior. De modo que por culpa de la conjura de la Santa Alianza Robespierre tuvo que poner en marcha la guillotina. Los comunistas rusos apelaron también a la reacción internacional para justificar la persecución y aniquilamiento de la población, y este modelo consistente en establecer el binomio revolución-terror se ha repetido ad nauseam durante todo el siglo XX, hasta el punto de crear un régimen político nuevo, el totalitario, en virtud del cual se establece un partido único en el poder, quedan abolidas cualesquiera que sean las libertades y derechos humanos y se legitimaza el poder acudiendo a una falacia de petición de principio cualquiera: la patria está en peligro de descomposición, luego es necesario aniquilar a los enemigos de la patria. ¿Quién establece la terapia? El mismo que establece el diagnóstico. Sustitúyase patria por revolución y obtendremos la fórmula izquierdista de esta falacia. El resultado es el mismo en ambos casos, en las dos modalidades totalitarias: el terror masivo, la persecución y ejecución, la tortura y el internamiento en campos de concentración. La legitimación del poder totalitario se consigue por el propio ejercicio del poder, por la autolegitimación de quienes lo ejercen apelando a ideologías trascendentalistas que no requieren del refrendo popular. Si el pueblo no lo entiende peor para el pueblo, y si insiste en no dejarse gobernar será tildado de antipatriota o contrarrevolucionario, gusano en la versión castrista, y por lo tanto tratado con todo el desprecio del que se hace merecedor a ojos de la ideología autolegitimada por sus interpretes. Lenin, Trostky, Stalin, Mao, Pol Pot, Castro… son ejemplos esclarecedores de la modalidad totalitaria comunista. Sigue leyendo

La impostura revolucionaria castrista

Octavio ALBEROLA

fidel-castroTras liberar al pueblo cubano de la gangsteril dictadura batistiana, los barbudos de Fidel Castro prometieron ser los más fieles defensores de la libertad reconquistada. Pero, esa libertad fue muy efímera. Desde el mismo instante en que Fidel se apoderó del poder no toleró crítica alguna. Rápidamente se quitó la careta democrática y el régimen castrista se transformó en dictadura. En vez de pugnar por una sociedad libre y crítica, Castro exigió credulidad y sumisión, dejó de cumplir sus promesas y reprodujo por triplicado lo que antes había cuestionado del régimen de Batista.

Las expectativas pluralistas y libertarias duraron pocos meses. Los partidos, los órganos de prensa y los sindicatos dejaron de ser plurales, salvo en la clandestinidad o en el exilio. Los que quedaron tuvieron que dejar paso al partido único, a la prensa y al sindicato al servicio del gobierno y de Fidel Castro. Todas las experiencias sociales, culturales y económicas autogestionadas fueron liquidadas por el capitalismo de Estado al servicio de la burocracia castrista y de Fidel Castro entronizado Jefe Máximo. Sigue leyendo