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Organizar la Economía en medio de una guerra

El Pleno Económico de Valencia de la CNT

Juan BERNAT

Al año casi del luctuoso mayo, empujados ya por la resaca contrarrevolucionaria, nuestra organización, el Movimiento Libertario –es de gran interés enfatizar eso de movimiento por lo que tiene de común denominador ideológico– fuimos los primeros del frente antifascista que celebramos un Pleno exclusivamente económico. De este Pleno, curiosamente, ningún exégeta habla. Más importante que los escritos de Souchy, Malefakis, Leval o Santillán, por lo sustancioso de sus acuerdos, y sin desmerecer el loable esfuerzo intelectual realizado por los hombres que cito, se ha urdido contra él una auténtica conspiración del silencio. Sin embargo, a mi entender, quedará inscrito en los anales como paradigma, o canto del cisne, del anarquismo internacional practicista, no sometido solamente a maceración especulativa.

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La secesión actual confederal confirma dos líneas históricas disemejantes. Una, pancrítica, negativa. La otra, más inteligente, menos impregnada de escolasticismo, se esfuerza en recuperar penosamente el tiempo perdido que se desaprovechó al aplicar tácticas vetustas que la sociedad española de hoy rechaza. Ahora lo más difícil para esa corriente confederal renovadora, será saber esperar serenamente el fin de esta hibernación prolongada. Saber esperar es más difícil de lo que parece. Tampoco supimos hacerlo nosotros. Me refiero a hechos que jalonan las llamadas «inútiles experiencias del pasado». Sigue leyendo

España 1936: ¿guerra civil o revolución social?

revolucionÁngel J. CAPPELLETTI

Por una curiosa coincidencia –que en realidad no es tal– los historiadores liberales y marxistas suelen llamar a lo que sucedió en España durante los años 1936 y 1939, «la guerra civil» y dan una interpretación básicamente idéntica al sentido de aquellos dramáticos acontecimientos. Para los liberales se trata de una lucha, crucial para los destinos del país y del mundo, entre la república democrática y la reacción fascista; para los marxistas, de un esfuerzo por establecer una democracia parlamentaria como antecedente de un futuro (remoto) Estado socialista, combatido a sangre y fuego por la aristocracia terrateniente, el capitalismo internacional, el clero y los militares, con ayuda de la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini. Los fascistas, por su parte, hablan de la «cruzada» y, a veces –avatares semánticos– de la «guerra de liberación nacional». Si  rescindimos de esta última interpretación, que no deja de ser válida como descripción de las intenciones de los «rebeldes», ya que toda «cruzada» supone el propósito de imponer a un pueblo «la cruz», esto es, la denominación ideológica (y política) de la Iglesia Católica, es preciso aclarar la insuficiencia de la hermenéutica liberal-marxista. Sigue leyendo