Archivo de la categoría: Pensamiento

Un manifiesto socialista

Erich FROMM

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Erich Fromm

Erich FROMM, psicoanalista americano de origen alemán, nacido en Fráncfort del Mein (1900-1980). Psicoanalista en el Instituto de Berlín, colaboró en la década de 1930 en los trabajos de la Escuela de Fráncfort, y con la llegada del nazismo emigró a Estados Unidos, donde enseñó en varias universidades, dando una amplitud al psicoanálisis que no tenía. Entre sus obras destacan El miedo a la libertad (1941, una de sus obras fundamentales), La condición humana actual, Humanismo socialista, ¿Podrá sobrevivir el hombre?, Y seréis como dioses, El arte de amar, El dogma de Cristo, La crisis del psicoanálisis.

Aun cuando el curso de los actuales acontecimientos no discurre por esas coordenadas de mutua cooperación, libertad y respeto que el autor ofrecía en sus certeras reflexiones, resulta oportuno recordar en estas páginas este llamado «Manifiesto socialista», seguros de que todavía encontrará eco en esta sociedad que sigue padeciendo hambre y sed de justicia. Sigue leyendo

Buenaventura Durruti o el heroísmo bien entendido

Felipe ALÁIZ

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Durruti

A veces la simpatía por Durruti llegó a regiones de fervor religioso y de mística sentimental. El culto a los héroes es tan viejo como el mundo. Carlyle le dio significación porque, en su época, el culto a los héroes no era el culto plural y anónimo de ahora. Hoy, en la inmediación de Durruti y en la lejanía espacial de sus años y de los nuestros, vemos millones de héroes. Y una fuerte impulsión nos acerca a su sacrificio total, a su vida malograda y a su tránsito, pero nos aleja de cualquier personalización mística, de cualquier deificación.

El culto al héroe habría de consistir en darle amplitud. Entre los muertos por una noble causa no puede separarse a uno solo. De la misma manera que los héroes eran poco numerosos en los tiempos de Carlyle, poco numerosos desde el punto de vista de la vida entregada por los demás, hoy forman legión. Su número, después de las hecatombes de estos últimos tiempos, sobrepasa el censo total de los ejércitos de Napoleón y de sus enemigos en mar y tierra. Es imposible que a tantos millones de víctimas los represente una sola víctima. En cambio, la totalidad de sacrificados representa cumplidamente al sacrificado personal por singular que sea. Incluso la opinión se polariza a veces desde 1918 en el soldado desconocido y no en tal o cual combatiente. Podemos separar de ese culto al soldado desconocido lo que tiene de religión y hasta darle el significado diferencial concreto que difiere de otros sacrificios anónimos. Podemos dar al anónimo social combatiente todas las variantes que tiene y que no son pocas. Lo que no podemos hacer es cultivar la magia creyendo que un solo hombre, sea quien sea, puede compensar con heroísmo ni con nada la insuficiencia combativa procurada por la falta de asistencia en las alturas. Sigue leyendo

Acerca del concepto de UTOPÍA

Jesús N. GARCÍA CRUZ

Uno de los conceptos más polémicos y controvertidos del pensamiento histórico-filosófico, es el concepto de utopía.

UtopiaHay algunos aspectos que son comunes a todos, o casi todos los proyectos o construcciones utópicas: simetría y uniformidad, fetichismo en la educación paralelo a la desconfianza en la naturaleza humana, un dirigismo detallista al servicio de una doctrina colectivista y autárquica, un marcado gusto por el ascetismo que sacrifica el lujo a la felicidad de la vida en común, la fe humanista en el hombre regenerado, un cierto inmovilismo social, un «institucionalismo» que se expresa en un pequeño número de leyes claras y breves, etc. Sigue leyendo

Sobre el gregarismo

Adolfo HERNANDEZ

«En el siglo XIX el problema era Dios ha muerto; en el siglo XX el problema es El hombre ha muerto. En el pasado, el peligro consistió en que los hombres pudiesen convertirse en esclavos. El peligro que encierra el futuro es que los hombres puedan transformarse en robots…» (El Hombre Enajenado, Erich Fromm)

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La renuncia a la palabra

Herbert READ

Herbert Read

Herbert Read

Este trabajo apareció por vez primera en la revista internacional Folía Humanística. Artes, Ciencias, Letras, núm. 41, mayo 1966, a cuyo Consejo de Redacción pertenecía Herbert Read. Que el artículo apenas fuera conocido en España debido a la limitada difusión de dicha revista en nuestro país, llevó a la Redacción de Polémica a publicarlo en mayo de 1984 con el propósito de dar a conocer una muestra de la extensa y poco conocida obra de Herbert Read, uno de los principales teóricos libertarios del siglo XX.

Durante el primero de sus discursos radiados por la BBC, en octubre de 1965, George Steiner llamó la atención sobre un acontecimiento de la civilización moderna que nos reserva grandes discusiones. Apuntó hacia el hecho ineludible de que «los modos de aprehensión y comunicación verbales –los discursos y las palabras de la sintaxis tradicional– no son ya la quintaesencia, ni siquiera encierran auténtico significado, respecto de la comunicación y la escritura». Tiene hoy lugar cierto distanciamiento universal de la palabra: un desplazamiento de la expresión verbal y de la conciencia verbal primarias. Una pintura impresionista no es algo ante lo cual quepa ofrecer ninguna explicación fácil y acertada. No lo es tampoco ninguna pieza de música elegida al azar. Tales formas parecen declarar a todo el mundo su carácter de incomunicabilidad, cierta insistencia de que sobre ellas puede hablarse solamente empleando su propia terminología (una pintura abstracta, por ejemplo, puede decir algo vital sobre otra). El lenguaje no cubre ya por más tiempo todas las zonas que desearíamos de nuestra experiencia. No lo cubre, ni con exactitud, ni con riqueza. Sigue leyendo

Cornelius Castoriadis. Deseo y voluntad de cambiar la vida

Textos extraídos de La institución imaginaria de la sociedad

Castoriadis

Castoriadis

Tengo el deseo, y siento la necesidad, para vivir, de otra sociedad que la que me rodea. Como la gran mayoría de los hombres, puedo vivir en ésta y acomodarme a ella –en todo caso, vivo en ella–. Tan críticamente como intento mirarme, ni mi capacidad de adaptación, ni mi asimilación de la realidad me parecen inferiores a la media sociológica. No pido la inmortalidad, la ubicuidad, la omnisciencia. No pido que la sociedad «me dé la felicidad»: sé que no es ésta una ración que pueda ser distribuida en el Ayuntamiento o en el Consejo Obrero del barrio, y que, si esto existe, no hay otro más que yo que pueda hacérmela, a mi medida, como ya me ha sucedido y como me sucederá sin duda todavía. Pero en la vida, tal como está hecha para mi y para los demás, topo con una multitud de cosas inadmisibles; repito que no son fatales y que corresponden a la organización de la sociedad. Deseo, y pido, que antes que nada, mi trabajo tenga un sentido, que pueda probar para qué sirve y la manera en que está hecho, que me permita prodigarme en, él realmente y hacer uso de mis facultades tanto como enriquecerme y desarrollarme. Y digo que es posible, con otra organización de la sociedad para mí y para todos. Digo también que sería ya un cambio fundamental en esta dirección si se me dejase decidir, con todos los demás, lo que tengo que hacer y, con mis compañeros de trabajo, cómo hacerlo. Sigue leyendo

Del marxismo a la revolución. La evolución intelectual de Castoriadis

Selección de textos de Cornelius Castoriadis

(Textos extraídos de la introducción a La sociedad burocrática)

Castoriadis

Castoriadis

En el origen de la evolución de esas ideas hay una experiencia, la de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana. No viene al caso contar cómo un adolescente, al descubrir el marxismo, creyó serle fiel ingresando en las Juventudes Comunistas bajo la dictadura de Metaxas, ni por qué pudo creer, después de la ocupación de Grecia y el ataque alemán contra Rusia, que la orientación chovinista del PC griego y la constitución de un Frente Nacional de Liberación (EAM) era el resultado de una desviación local que podía ser corregida con una lucha ideológica dentro del partido. La sustitución de argumentos por porras, y la radio rusa, se encargaron de que cambiara rápidamente de opinión. El carácter reaccionario del Partido Comunista, de su política, de sus métodos, de su régimen interno, así como el cretinismo que impregnaba, entonces como ahora, cualquier discurso o texto que emanara de la dirección del Partido Comunista, aparecían con claridad absoluta. No es pues de extrañar que, en esas circunstancias de tiempo y de lugar, esas comprobaciones llevaran al trotsquismo, cuya fracción más izquierdista desarrollaba una crítica sin compromisos tanto del estalinismo como de los trotsquistas «derechistas» Sigue leyendo

Cornelius Castoriadis. La imaginación sublevada

Ignacio DE LLORENS
Castoriadis

Castoriadis

Hubo un tiempo, no hace mucho, en que París era, seguía siendo, una ciudad habitada por Maitres Penseurs, mentores de masas, cabezas pensantes. Ya es sabido que París es la capital de la moda. Esos pensadores tenían todos nombre de estación de metro. En ningún otro sitio se ha sabido hacer del intelectual una estrella con glamour.

Hace veinte años, pues, brillaban en esa constelación estrellas rutilantes, otras que resultaron ser fugaces y algunas se fueron apagando. Sartre y Barthes murieron, pero quedaban otros. Foucault dictaba cursos en el College de France todos los miércoles por la mañana; había que llegar varias horas antes para coger sitio y evitar acabar tumbado en el pasillo. Deleuze arrastraba su frágil figura hacia el bosque de Vincennes. Allí, en aquella universidad que más parecía una carpa, reducto del mayo del 68, impartía clases sobre el pensamiento nómada. El aula repleta, alumnos sentados en el dintel de las ventanas, las mesas llenas de cassettes. Al autor del Antiedipo le costaba trabajo encontrar sitio para acomodar su sombrero. Y Chatelet, vestido con un sempiterno chaquetón negro, ejercía su apostolado sobre la historia de la Philó con soltura. Por aquellos días quien más quien menos aspiraba a ser psicoanalizado por Lacan. Sigue leyendo

Albert Camus. La rebeldía contra la Historia

José Luis MARTÍNEZ

albert_camus-albert-camus-1913-1960-nobel-de-literatura-en-1957-fotografiado-por-henri-cartier-bresson-en-1944-_thumb6Para C. por los días de El primer hombre y por las cosas de la vida…

Las filosofías valen lo que valen los filósofos. Cuanto más grande es el hombre, más verdadera la filosofía.

Albert Camus

Hay ideas, hay libros y hay autores que requieren del fino bisturí y de toda la habilidad de los comentaristas para desentrañar la profundidad de lo pensado y la transcendencia de las verdades desveladas. El pensamiento se torna entonces huidizo e indeciso, se pierde en las afueras del tiempo y de la Historia y al final resulta estéril para remontar y comprender las urgencias de la vida. Es cuando aparece esa filosofía de carne congelada y desvarío académico que deambula por los laberintos grises de la erudición sin esperanza y renuncia a tocar la vida con los dedos. Son esas obras de obras también, que crean un inmenso laberinto de espejos borgiano donde una voz sin rostro le hace guiños mefistofélicos a nuestra vanidosa inteligencia. Obras concebidas para la posteridad, para la eternidad, para ser leídas con los ojos de Dios, sin vocación alguna de arraigar en el tiempo de los hombres, en sus esperanzas e ilusiones o, al menos, en alguna esquina apartada de su muerte. Obras al fin, donde el autor se come al hombre, como a tantos poderosos el poder o a tantos millonarios su fortuna, y dejan entonces de ser testimonio y grito, presencia arrebatadora de las noches y los días… Sigue leyendo

La violencia compulsada

Gerard JACAS

violencia-policial1La conducta violenta del ser humano es sumamente compleja; responde a una interacción constante de estímulos y respuestas, las más de las veces, involuntarias o no deseables. Por lo tanto, si consideramos al individuo, cuando viene al mundo, como un ser carencial, cuya conducta emerge, día a día, a medida que va tomando contacto con la realidad, resulta excesivamente ingenuo pretender interpretar, a estas alturas, la violencia como un factor inherente a la propia naturaleza humana.

Sin embargo, no faltan quienes, persuadidos por afanes cientifistas, recurren a determinismos genéticos o psicológicos para explicar el comportamiento humano violento. De este modo, el reduccionismo biológico, presupone que la violencia deriva de un cierto factor de agresividad contenido en el código genético y que, desarrollado en alto grado, deviene un «factor de criminalidad», que puede manifestarse, en último término, como conducta «delictiva». Este instinto agresivo transmitido en la herencia, incide sobre el sistema nervioso y endocrino, conformando una estructura somática y temperamental determinada, que, a su vez, conducirá al individuo a cometer actos violentos. A conclusiones semejantes se había ya llegado a principios del siglo XX, recurriendo a ciertos métodos morfológicos, como los utilizados en frenología, que establecían una posible vinculación entre la forma del cráneo y el comportamiento, o los empleados por  Krestchmer y Sheldon para apuntar un cierto paralelismo entre cierta constitución corporal –que ellos denominan mesomórfica– y una supuesta tendencia temperamental a la agresividad, la violencia y la delincuencia. Todas estas teorías, centradas en la herencia, venían a proponer, en suma, una tipología precisa de lo que se dio en llamar, en su época, el «criminal nato». En realidad, se trata de absurdas afirmaciones dogmáticas insostenibles desde cualquier óptica, incluida la científica, a pesar de que pretenden ampararse en la ciencia, dado que los genes o la dimensión somática o temperamental no son, en modo alguno, portadores de violencia, aunque si de un potencial que permite, ulteriormente, desarrollar ciertas conductas básicas de hostilidad o de cooperación y apoyo mutuo, según el medio sociocultural en que se desenvuelvan.

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Violencia y transformación social

Octavio ALBEROLA

Atenas 6-12-2009

Atenas 6-12-2009

El uso de la violencia para transformar la sociedad ha dado lugar a numerosos y apasionados debates en el seno de los movimientos revolucionarios. Para los libertarios, esta cuestión ha sido siempre de una gran importancia. No sólo por las posibles derivas de la violencia en terror, en terrorismo, sino porque el recurso a ella pone en causa la necesaria consecuencia entre medios y fines que siempre nos ha parecido fundamental. No obstante, la perpetuación de la dominación y la explotación y circunstancias coyunturales muy particulares nos han obligado a recurrir a ella. Lo que no quiere decir que el dilema ético haya dejado de interpelamos, y no siempre a posteriori. Sigue leyendo