Archivo de la categoría: Ciencia y tecnología

El fundamentalismo científico

Emmanuel LIZCANO

Lizcano

Lizcano

Los términos fundamentalismo o integrismo son de los que contienen en nuestros días una mayor carga emocional. Evocan automáticamente una fuerte sensación de amenaza y suscitan un impulso casi reflejo de desprecio y de condena. El fundamentalismo religioso (y, en especial, el islámico), el fundamentalismo nacionalista, o el de los violentos (como se califica entre nosotros a las formas de violencia que escapan al monopolio estatal de la fuerza bruta) son demonios que basta invocar para que queden legitimadas las mayores atrocidades contra los grupos o poblaciones así demonizados: bombardeos de población musulmana, golpes de Estado como el argelino, salvajadas como las cometidas por la administración socialista española so pretexto de la lucha contra ETA… En todos los casos, un mismo rasgo en común: los fundamentalistas siempre son los otros. Sigue leyendo

Un decálogo sobre la religión de las nuevas tecnologías

Raúl GARCÍA-DURÁN

Como las nuevas tecnologías parecen ser el nuevo Dios,* es lógico que exista un decálogo sobre ellas, pero yo no soy de esta nueva religión (lo cual no quiere decir que esté en contra del avance tecnológico, ni mucho menos) de forma que el decálogo será sobre sus limitaciones, su desmitificación: nuevas_tecnologias_alhama_01 Sigue leyendo

Algunas mentiras sobre las armas radiactivas

Alfredo EMBID

1ª mentira: el uranio empobrecido no es peligroso

uranio-empobrecidoEl término «uranio empobrecido» (UE) fue inventado por el lobby militar-industrial para engañarnos sugiriendo que no es peligroso. Está formado por las mismas formas de uranio que se encuentran en la naturaleza: U234, U238, y U235 (este último en menor proporción, pues es lo que se extrae para las centrales nucleares).

Las municiones llevan cabezas de UE porque es gratuito, muy duro e inflamable a temperaturas de miles de grados. Tras las explosiones, se transforma por la acción del calor en aerosoles, y en partículas que en su mayoría son, especialmente, cerámicas. Estas partículas invisibles tienen un tamaño del orden de la micra (milésima de milímetro) se pueden ingerir y son respirables y emiten radiaciones alfa (además de radiaciones beta y gamma) que bombardean a las células desde dentro del organismo. Estas partículas cerámicas, radiactivas en su mayoría, son insolubles, no se eliminan por la orina y pueden permanecer en el organismo sin ser detectadas. El doctor Gunther, presidente de la asociación humanitaria la Cruz Amarilla y ex colaborador del Premio Nobel de la paz, Albert Sweitzer, tiene el mérito de haber sido el primero en alertarnos sobre los peligros de las municiones del falsamente denominado uranio empobrecido. Lo pagó con la cárcel y dos cánceres, a pesar de los cuales, sigue denunciándolo activamente como pude comprobar en nuestro último encuentro. Investigaciones recientes del más alto nivel científico demuestran que una sola partícula de UE puede producir cáncer y alteraciones cromosómicas. El resultado en Irak es un aumento creciente de cánceres (por cada 100.000 habitantes: 11 en 1988, 75 en 1998, 116 en 2001) una duplicación de monstruosidades como documentaron los médicos iraquíes en Hamburgo, en el año 2003. Sigue leyendo

La utopía científica y humana de Narcís Monturiol

Manuel SALAS

Narcís Monturiol

Narcís Monturiol

La historia nos tiene acostumbrados a esas sorprendentes fluctuaciones de los intereses políticos y económicos sobre el interés o el afán común de los pueblos o de sus hombres. La materialización de las ideas en torno a la navegación submarina nos ofrece un ejemplo aleccionador; ejemplo que, para nosotros, adquiere especial importancia en cuanto se refiere a la identidad humana de los inventores, la cronología de los ensayos y los motivos que impulsaron o despertaron sus inquietudes.

Descartando algunos intentos realizados sin éxito, en América, y la fantástica imaginación de Julio Verne, con su Nautilus, quedan las figuras de Narcís Monturiol e Isaac Peral, como reconocidos pioneros de los ensayos de navegación submarina.

Isaac Peral, nace en Cartagena, 32 años después que Monturiol, y a los 14 años su vocación militar se manifiesta, ingresando en la Escuela Naval, en 1865. Como oficial de la Armada, realiza viajes de estudios por todos los mares, e interviene en las guerras de Cuba y Filipinas. Es profesor de Física y Química en la Academia de Marina, y en 1891, obtiene la licencia absoluta. Su brillante carrera militar no eclipsó el relieve de sus estudios sobre la navegación submarina. Sus estudios nacen de la observación del episodio de la guerra de las Carolinas contra Alemania, en 1885, no tardando en ofrecer un proyecto de submarino al Gobierno, que merece una inmediata ayuda efectiva, lo que permite comenzar las obras en octubre de 1887, botándose al agua en septiembre de 1888. En los dos años siguientes, se realizan nuevas pruebas, que, en opinión del Capitán General de Cádiz, fueron «perfectas y completas». Los tortuosos intereses que dominaron siempre las relaciones entre los grandes y pequeños países, podrían estar en el inexplicable abandono del proyecto y la suspensión de ayudas por el mismo Gobierno que antes se había sentido tan entusiasmado. La amargura minó su salud, y murió en Berlín, en 1895, a causa de un tumor encefálico. Su capacidad legó otros inventos relativos al llamado arte de la guerra. Sigue leyendo