El papel de la organización en el proyecto libertario

El esquema clásico del programa anarquista –la organización de los trabajadores en sindicatos de clase y la huelga general revolucionaria como método para llegar al comunismo libertario– se podría decir que ya no está en cuestión porque ya son muy pocos los que lo defienden a rajatabla. Sobre la necesidad de modificarlo en mayor o menor medida existen ya pocas dudas, y el debate se centra en qué sentido hacerlo y cómo llevarlo a la práctica.

La propuesta planteada en 2008 de la Federación Anarquista Gaucha (FAG) y la Federación Anarquista Uruguaya (FAU) puso de nuevo sobre la mesa la cuestión ya debatida en numerosas ocasiones sobre la necesidad de una organización política anarquista que, por encima de los movimientos sociales en los que participe, sea capaz de tener una visión global de la sociedad y desarrollar estrategias globales para transformarla.

Pero el debate dista mucho de ser nuevo…

Bakunin y la Alianza

La idea de organización siempre ha sido cuestión de debate en el movimiento anarquista en todo el mundo. A diferencia de otras corrientes ideológicas que nunca han dudado de la necesidad de organizarse para defender e impulsar sus proyectos, los anarquistas han discutido y siguen discutiendo sobre si hay o no que organizarse y sobre las funciones, estructura y objetivos que debe tener una organización anarquista.

Este interminable debate se ha desarrollado paralelamente y en estrecha relación con el debate sobre concepciones colectivistas, comunistas, individualistas o sindicalistas.

Bakunin creía en la necesidad de impulsar la revolución mediante minorías elegidas y organizadas:

Es evidentemente necesario que haya una fuerza, una organización colectiva invisible, que, acatando un programa franca y completamente revolucionario e impulsándolo hasta las últimas consecuencias, se abstenga de cualquier manifestación, injerencia gubernamental u oficial, y con ello pueda ejercer una influencia más eficaz y poderosa sobre el movimiento espontáneo de las masas populares, tanto en la acción como en todas las medidas revolucionarias de los delegados y comités. Tal es el objeto único de la organización.

[…] Esta organización, por lo tanto, no tiene sólo como misión preparar la revolución. Tendrá que mantenerse y vertebrarse más todavía durante la revolución, para que su acción colectiva, estrictamente solidaria y oculta sustituya la de todo gobierno o dictadura oficial, no dejando ésta de ahogar el movimiento revolucionario en las masas para desembocar en la reconstitución del Estado político, dirigente, tutelar y, por eso mismo, necesariamente burocrático, militar, opresor y explotador, o sea una nueva dominación burguesa.

[…] Las cualidades requeridas de todos los hermanos internacionales, además de las que constituyen a un buen conspirador revolucionario, tales como la verdadera pasión revolucionaria, la inteligencia, la valentía, son la capacidad de elevarse natural y espontáneamente encima de todas las inspiraciones estrechas de la ambición y de la vanidad personales, de la familia y del patriotismo, y esta otra capacidad aún más escasa entre los hombres de energía e inteligencia, de incorporar la propia iniciativa personal en la acción colectiva. […] Enemigo de cualquier dominación y explotación, es preciso que haya renunciado a ejercerlas, bajo la forma que sea, en provecho suyo, sobre las masas. […] La ley suprema de nuestra Fraternidad, todo el secreto de su potencia, es la disolución de todas las iniciativas individuales en el pensamiento, la voluntad y la acción colectivas. Ella tiene que convertirse para nosotros en más que una ley, en nuestra segunda naturaleza, nuestra habitud, y sólo se conseguirá con la práctica diaria.[1]

Para Kropotkin el trabajo primordial de los anarquistas estaba en los sindicatos y no veía necesidad alguna en una organización anarquista. Esta idea prevaleció durante décadas y los anarquistas se dedicaron a impulsar el proyecto revolucionario en el ámbito del sindicalismo hasta confundirse en una síntesis: el anarcosindicalismo. Muchos anarquistas, no obstante, se organizaban en grupos de afinidad para desarrollar tareas culturales, recreativas, educativas, etc. Pero se confiaba en la organización obrera como sujeto capaz de subvertir el orden burgués mediante la huelga general revolucionaria.

El partido anarquista de Malatesta

A principios del siglo XX Malatesta planteó la necesidad de una organización específica anarquista. El fundamento de este proyecto residía en la consideración de que la organización sindical, en tanto que abierta a todos los trabajadores sin discriminación de ideologías, puede derivar o «degenerar» en un simple mecanismo despojado de toda ambición revolucionaria y dedicado únicamente a la tarea de mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. Para mantener vivo el proyecto transformador del sindicalismo se hacía imprescindible una organización que velara por él:

D6CErrico Malatesta (1853-1932). En 1981 fundó en Suiza el Partido Socialista Revolucionario Anárquico.

Incluso dejando a un lado la experiencia histórica (la que demuestra que jamás una clase privilegiada se ha despojado, en todo o en parte, de sus privilegios, que jamás un gobierno ha abandonado el poder sin que la fuerza le haya obligado a ello) bastan los hechos contemporáneos. […] Al pueblo que quiere emanciparse no le queda otro recurso que oponer la fuerza a la fuerza. […] y cuando tengamos la fuerza suficiente debemos, aprovechando las circunstancias favorables que se produzcan o creándolas nosotros mismos, hacer la revolución social, derribando con la fuerza el gobierno, expropiando con la fuerza a los propietarios; […] en lugar de oponer a los millones de los capitalistas los escasos céntimos ahorrados con mil privaciones por los obreros, se hace preciso oponer a los cañones que defienden la propiedad, aquellos mejores medios que el pueblo encuentre para vencer la fuerza con la fuerza. […] La insurrección determina la revolución, es decir, la actuación rápida de las fuerzas latentes acumuladas durante la precedente revolución. […]

Es preciso que a medida que se desarrollen en los trabajadores el sentimiento de rebelión –contra los injustos e inútiles sufrimientos de que son víctimas– y el deseo de mejorar sus condiciones, luchen, unidos y solidarios, para conseguir lo que desean. Y nosotros, como anarquistas y como trabajadores, debemos impulsarles e estimularles a la lucha y luchar con ellos. […]

Entendemos por partido anarquista el conjunto de quienes quieran contribuir a llevar a cabo la anarquía, y que, por consiguiente, necesitan fijarse una meta que alcanzar y un camino que recorrer. Dejamos de buen grado en sus lucubraciones trascendentales a los aficionados a la verdad absoluta y al progreso continuo, quienes, por no contrastar nunca sus ideas con la prueba de los hechos, acaban por no hacer ni descubrir nada. […] De modo que la organización, lejos de crear la autoridad, es el único remedio contra ella y el único medio para que cada uno de nosotros se acostumbre a tomar una parte activa y consciente en el trabajo colectivo, dejando de ser una herramienta pasiva en manos de los jefes. […]

El que escribe es partidario de la organización obrera y de la organización del partido, o sea que, tomando la palabra «partido» en el sentido propio del conjunto de cuantos «participan» y luchan por la misma causa, creo útil que los anarquistas se unan en una o más organizaciones, transitorias o permanentes, locales o generales, según las circunstancias y los fines inmediatos o definitivos que quieran alcanzar, para coordinar los esfuerzos y hacer aquellas cosas que no conseguirían las fuerzas de los individuos aislados. Y por lo tanto, soy adherente a la Unión Anarquista Italiana […] Pero un partido puede degenerar y volverse autoritario. Es verdad […] si no se compone de anarquistas conscientes. […] Pero realmente, dado el espíritu de los anarquistas, el peligro no está en que se vuelva autoritario un «partido» anarquista, sino antes en que el mismo no logre adquirir consistencia y no rinda por tanto la multiplicad de acciones que los anarquistas podrían dar si solamente pudieran armonizar y sumar su entusiasmo, su coraje, su espíritu de sacrificio. Y eso está probado por la historia de todas las organizaciones e intentos de organización que los anarquistas han hecho en el mundo entero desde que existe el movimiento anarquista. […]

Creemos en la utilidad, en la necesidad de la organización y, después de haber discutido y aceptado determinado programa, nos esforzamos por cumplirlo.

[…] el sindicalismo obrero es, por su naturaleza, reformista y no revolucionario; el carácter revolucionario debe ser introducido allí, desarrollado y mantenido por la obra constante de los revolucionarios que actúan fuera y dentro de su seno, pero no puede ser la manifestación natural y normal de su función.

Pese a que se rechaza siempre la idea de «vanguardia», se advierte claramente una cierta desconfianza en la capacidad revolucionaria de las «masas», a las que no les vendrá mal la «ayuda» de una organización compuesta por personas decididas y con ideas claras.

Planteadas así las cosas, nos encontramos con las dos cuestiones fundamentales del debate sobre la organización:

a) La posible contradicción entre la libertad individual y decisión colectiva. ¿Hasta qué punto puede un individuo conservar su libertad de acción y opinión cuando debe atenerse a los acuerdos colectivos de la organización a la que pertenece? ¿Cómo podemos pensar una organización en la que sus militantes no se sienten comprometidos con el discurso colectivo?

b) El papel de tutela de la organización frente a la libre decisión de los trabajadores. ¿Dónde está la frontera entre una organización que vela por los principios revolucionarios de los trabajadores y un partido que se erige en vanguardia de la clase obrera?

Son cuestiones complejas que alimentan el debate de forma permanente.

La Plataforma de Majno-Archinov

El asunto de la libertad individual frente al compromiso colectivo se puso claramente de manifiesto con la propuesta planteada por la «Plataforma» presentada por el grupo de anarquistas rusos exiliados en Francia tras la Revolución bolchevique.

Algunos pensaron que quienes elaboraron esta propuesta se habían dejado influir por el leninismo y ofuscar por el impacto revolucionario. Otros explicaron su postura por la frustración sufrida al ver cómo durante la revolución rusa el movimiento anarquista, pese a tener una fuerza considerable, había mostrado una absoluta falta de capacidad para intervenir en los acontecimientos.

Archinov lo explicó claramente:

La experiencia de los últimos veinte años, y más particularmente de las dos revoluciones rusas –1905 y 1917– nos sugiere una respuesta a estas cuestiones mejor que todas las «consideraciones teóricas».

Durante la Revolución rusa, las masas obreras fueron ganadas para las ideas anarquistas; pese a ello, el anarquismo como movimiento organizado sufrió un completo revés; en el comienzo de la revolución nos encontrábamos en las posiciones más de avanzada en la lucha, pero luego, en los inicios de la fase constructiva nos encontramos irremediablemente al margen de dicha construcción, y consecuentemente alejados de las masas. Esto no fue pura casualidad: esta actitud inevitablemente fluía de nuestra propia impotencia, tanto de un punto de vista organizativo como de nuestra confusión ideológica.

Este revés fue causado por el hecho de que, durante la revolución, los anarquistas no supieron implementar su programa social y político y sólo se aproximaron a las masas con propaganda fragmentaria y contradictoria; no teníamos una organización estable. Nuestro movimiento se representaba por organizaciones eventuales, aparecidas por aquí y por allá, que no buscaban con firmeza lo que querían, y que frecuentemente desaparecían después de un corto tiempo sin dejar huella. Resultaba desesperantemente ingenuo y estúpido suponer que los trabajadores apoyarían y participarían en tales «organizaciones» en el momento de la lucha social y de la construcción comunista.

Estábamos habituados a atribuir el fracaso del movimiento anarquista en Rusia entre 1917-1919, a la represión estatal del partido bolchevique; esto es un gran error. La represión bolchevique impidió la extensión del movimiento anarquista durante la revolución, pero no fue el único obstáculo. Es más bien la impotencia interna del mismo movimiento una de las principales causas de su derrota, una impotencia procedente de la vaguedad e indecisión que caracterizaba a las diferentes afirmaciones políticas en lo concerniente a organización y táctica.

El anarquismo no tenía una opinión firme y concreta sobre los problemas esenciales de la revolución social; una opinión indispensable para satisfacer la búsqueda de las masas que estaban creando la revolución. Los anarquistas ensalzaban el principio comunista: «de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades», pero nunca se preocuparon de llevar este principio a la realidad, si bien se permitió que ciertos elementos sospechosos transformaran este gran principio en una caricatura del anarquismo –sólo hay que recordar cuántos usureros se beneficiaron acaparando para sí los bienes de la colectividad–. Los anarquistas hablaron bastante de la actividad revolucionaria de los obreros, pero no pudieron ayudarles, siquiera indicándoles las formas aproximadas que esta actividad adoptaría; no sabían cómo sortear las relaciones recíprocas entre las masas y su centro de inspiración ideológica. Llevaron a los trabajadores a sacudirse el yugo de la Autoridad, pero no les indicaron los medios para consolidar y defender las conquistas de la Revolución. Carecían de conceptos claros y precisos, de un programa de acción entre muchos otros problemas. Fue esto lo que los distanció de la actividad de las masas y los condenó a la impotencia social e histórica. Es en esto donde debemos buscar las causas primordiales de su derrota en la Revolución Rusa.

Y no nos cabe duda de que, si la revolución estallara en muchos otros países europeos, los anarquistas sufrirían la misma derrota porque no están menos –si es que no más– divididos en el plano de las ideas y de la organización.[2]

La propuesta planteaba la cuestión de forma clara y contundente:

[…] se hizo indiscutiblemente necesario llenar tres exigencias, puestas al movimiento anarquista por la misma vida: 1) marcar distancias respecto a aquellos elementos que, bajo la bandera del anarquismo, pescan en río revuelto, que se entrometiron, de una u otra manera, en el movimiento anarquista, persiguiendo los fines más distintos y que nada tienen que ver con el objeto que nuestro movimiento persigue; 2) el minucioso conocimiento del anarquismo […] una forma determinada de organización de la vida social; 3) organizar todas las fuerzas vivas del anarquismo, unir a los partidarios de distintas corrientes anarquistas, juntar para el trabajo colectivo común a todos los anarquistas, los cuales quieren tomar seriamente parte activa en la revolución social y anarquista por desencadenarse, revolución que se concibe como un proceso de creación más o menos prolongado, de nuevas formas de la vida social por las masas organizadas.

La revolución social puede no realizarse. Pero en la revolución social (dado el caso de que se produzca) no hay lugar para el período transitorio. […]

Sobre la base de todo lo expuesto, llegamos a la conclusión de que para el anarquista no hay ninguna razón de separar, en teoría o provisionalmente, el individualismo del comunismo, el comunismo del sindicalismo. Estimamos que es tiempo, en definitiva, para todos los anarquistas verdaderos de aceptar y reconocer esta orientación, que es del todo exacta. Estos tres elementos (el sindicalismo, el comunismo y el individualismo) son tres aspectos de un único proceso, la construcción, por el método de la organización de clase de los trabajadores (sindicalismo), de la sociedad anarcocomunista, que sólo representa la base material indispensable para la plenitud del individuo libre. Estos tres elementos coinciden cronológicamente, manifestándose fuertemente desde el inicio de la revolución social. […]

Las uniones profesionales son consideradas por la conferencia como una forma envejecida de la organización obrera, incapaz por su propia naturaleza, de desarrollar una acción revolucionaria y crear algo vivo, que no responden a las exigencias de la época y que no merecen, por consiguiente, especial atención.

Disciplina. Entrando en la organización, los compañeros tienen la obligación moral de aplicar en la vida los principios y problemas de la organización. Un compromiso aceptado por un afiliado tiene que ser cumplido. Todas las acciones en nombre del grupo tienen que ser discutidas en la asamblea general de los miembros del grupo. Los que salen en nombre del grupo, tienen que ser suficientemente autorizados por el grupo. Los compañeros darán cuenta del cumplimiento de la misión que se les encargó.

Sobre la organización del movimiento anarquista ruso en general. Considerando indispensable la unificación del movimiento anarquista de todos los países, encarga la Conferencia al secretariado de la Confederación tomar las medidas correspondientes para instaurar relaciones con organizaciones anarquistas del exterior. […]

Lucha contra el abuso del nombre anarquismo: 1) Creyendo que una garantía suficiente contra la intromisión en las organizaciones anarquistas de elementos no deseables consiste en la creación de grupos anarquistas sobre la base indicada en la ponencia sobre este asunto, y la resolución de la conferencia sobre las expropiaciones; motivada por diversos casos de abuso del nombre anarquismo, recomienda la Conferencia a los grupos locales, tener presente todos estos hechos y darles la mayor publicidad posible, tanto oral como escrita.

El Partido Sindicalista de Ángel Pestaña

El proyecto de Pestaña, si bien surgió del seno del movimiento libertario, difícilmente puede considerarse una etapa más en la evolución ideológica y organizativa del anarquismo, en tanto que rompe con lo que hasta entonces la gran mayoría de los anarquistas consideraba principios esenciales: la negación del Estado y el rechazo a la política institucional. No obstante, hoy día el proyecto «sindicalista» de Pestaña no se vería tan alejado de otros proyectos libertarios, como es el caso del que hablaremos más adelante: el «municipalismo libertario» de Murray Bookchin.

Sin embargo, en 1932, la creación del Partido Sindicalista supuso una ruptura con la trayectoria del movimiento libertario. El momento en que se fundó el partido y su vida efímera[3] impide analizar los resultados de este experimento que, sin duda, se adelantó a su época.

El porqué de la constitución del Partido Sindicalista lo explica Pestaña en varios puntos. En primer lugar el interés por la política de la inmensa mayoría del pueblo. Interés que ponía en evidencia el rotundo fracaso de años de propaganda abstencionista:

La propaganda abstencionista ha revestido caracteres épicos, casi epopéyicos. Pues apenas se abría un período electoral, ya fuese para elegir concejales, diputados provinciales o diputados a Cortes, la campaña abstencionista hacía su aparición. Y la hacía con pujanza, con decisión y con fortuna.

Ángel Pestaña

Miles y miles de ciudadanos acudían a los mítines públicos anunciados para combatir la propaganda electoral. Centenares de vibrantes y bien escritos manifiestos eran arrebatados con verdadera pasión de las manos de quienes los repartían. Y después de gritar ¡abajo la política! y ¡mueran los farsantes!, no se les atacaba personalmente porque se reputaba como cosa de mal gusto.

Y así año tras año. Medio siglo o más. Desde que se estableció en España el sufragio universal. Y cuando nos creíamos seguros del triunfo, que la propaganda abstencionista había dado resultados poco menos que maravillosos; cuando estábamos convencidos de que amplios sectores de opinión respondían a nuestra voz abstencionista, un hecho inesperado derrumbó aquel castillo de naipes. Siete años de dictadura, y al finas de los mismos un período electoral abierto para iniciar el retorno a las normas constitucionales bastaron para que la construcción tan aferradamente defendida se viniese abajo estrepitosamente. ¿Qué había pasado? ¡Casi nada! ¡Que desoyendo la voz de los que durante muchos años habíamos aconsejado «no votar», en las elecciones municipales de 1931 votó el 80% o más del censo electoral. Y se repitió el caso en las elecciones posteriores.[4]

Paralelamente a este fracaso del abstencionismo, Pestaña constataba también el fracaso de las intentonas insurreccionales habidas recientemente, con lo que se cerraba el círculo: frente a la propuesta de rechazar la vía institucional y preparar la revolución social, la gran mayoría de los trabajadores desoían los llamamientos revolucionarios y acudían en masa a las urnas. A su juicio este fracaso obligaba a replantearse globalmente la estrategia para avanzar en la transformación social. Y el único camino era aprovechar la política institucional:

Lo interesante era saber si nos convenía continuar en oposición a los estados pasionales que la política provoca y a la fuerza que representa, o nos convenía mejor introducirnos en ellos canalizándolos a favor de nuestras aspiraciones objetivas.

Para Pestaña esta disyuntiva no ofrecía dudas, era necesaria…

[…] una acción sindical política que, sin pretender sustituir a la acción sindical económica, la complementara, poniendo en manos de los trabajadores que vieran en el sindicalismo una posibilidad de liberación total, otro instrumento más de combate, con el que podrían actuar en planos más amplios y desarrollar sus luchas más allá y por encima del marco de los intereses económicos contrapuestos.

El municipalismo libertario

Asumiendo también la necesidad de la intervención política, Murray Bookchin planteó la creación de un organismo político que participara electoralmente en el ámbito municipal.[5] El objetivo era fomentar la máxima participación popular en las decisiones de los ayuntamientos «libertarios» , que se irían agrupando federal y confederalmente al margen de las fronteras nacionales hasta llegar a una confrontación abierta con el poder estatal.

Bookchin aborda en esta propuesta la idea del poder popular frente al poder estatal. Y abunda en la idea de que los movimientos sociales –el sindicalismo entre ellos– tienen por su naturaleza un ámbito de actuación restringido que limita su capacidad para operar a favor de la transformación social. Coincide también en la idea de la necesidad de un organismo político capaz de elaborar y desarrollar una estrategia global que abarque todas las necesidades de la transformación social.

La propuesta de la FAG-FAU

La Federación Anarquista Gaucha (FAG) y la Federación Anarquista Uruguaya (FAU) han planteado una propuesta organizativa desde planteamientos generales muy similares a los anteriores: la limitación a la que están forzados los movimientos sociales debido a su ámbito de actuación, y la necesidad de una organización política capaz de impulsar una estrategia global.

En este caso la estrategia consiste en la creación y desarrollo de «poder popular», una idea que puso sobre la mesa el movimiento zapatista al sustituir la idea de «tomar el poder» (el Estado) por la de «ejercer el poder» desde las instancias e instituciones populares desde las que los ciudadanos puedan participar plenamente en las decisiones.

Elementos para la construcción de una estrategia de ruptura. El material estaría compuesto por tres niveles de representación:

a) Teoría, «núcleo duro del capitalismo» a nivel de sistema. Equivale al modo de producción capitalista. Comprendemos por «núcleo duro» lo que da sentido de existencia y de carácter fundacional al capitalismo. Sería parte de este núcleo constitutivo la propiedad privada; la explotación, el disciplinamiento de los cuerpos; la modalidad de representación administración y justicia; un sistema coercitivo y represivo; la existencia de clases sociales: o sea, una burguesía (en su sentido genérico), trabajadores (también en su sentido genérico) y la distribución de gente en el trabajo y en la exclusión social cada vez mayor, esta exclusión de las relaciones formales de trabajo y empleo genera nociones y costumbres distintas en el consumo, la salud, la educación, en las viviendas, siempre produciendo subgrupos ideológicos, podemos constatar que aún en países como la Suecia, ejemplo mismo de Estado de Bienestar y de socialdemocracia, estos fenómenos se reproducen.

b) Formaciones sociales concretas. A la diferencia entre modelos teóricos y formaciones sociales concretas que coexisten en una misma región, naciones, son formas de vida pero bajo un sistema de dominación hegemónica. Como una contracara, es el conocimiento pragmático que no llega a tener un gran nivel de abstracción, mismo porque en la realidad no si encuentran «modelos puros». Los elementos constitutivos del capitalismo operan sobre todas estas formaciones.

c) Elementos generales de las coyunturas (y vida cotidiana social). Es el momento actual, un tiempo social determinado. Toma la misma definición de la coyuntura.

Se trabajaría sobre la base de un sistema de dominación en cuyo seno existe la opresión y explotación.

Este sistema de dominación capitalista, constituido por la explotación, la dominación político-burocrática y la opresión (donde se incluye la discriminación, la exclusión y la represión) estaría compuesto por las diferentes esferas: económico, político­jurídico-militar, cuerpos disciplinados­ ideología (ideas-representaciones­comportamiento-«modo» de información, tecnologías de poder a ella unida) y la cultura, que tiene un grado de autonomía relativa. La constelación de estructuras de dominación que circulan por el cuerpo social, que no es lo mismo conceptualmente que «centros de poder» quizás deban ser tratadas en lo que denominaremos: vida-cotidiana-social. Es necesario un previo análisis de las fuerzas sociales que posean grados de antagonismo. Este grado de antagonismo latente es la materia prima era la labor de cualquier organización política con intenciones de cambio. De esa constelación se priorizará las que parezcan poder constituir fuerzas sociales que tienen grados de enfrentamiento puntual o general con el sistema.

La esfera ideología requiere un desarrollo determinado de su análisis para que no quede atrapada en el aparato ideológico de súper e infra ni en ese carácter adjudicado tan comúnmente de distorsionador, enmascarador de la «realidad», de la «racionalidad». Comprendemos que las ideas tienen un tipo de materialidad, son tangibles, palpables. Son tan contundentes como una medida económica o una decisión política.

[…] el poder circula por todo el cuerpo social, por las diferentes esferas estructuradas. Vale decir por todas las relaciones sociales. Tendríamos así poder en lo económico, jurídico­político-militar, ideológico-cultural. Tendríamos poder en todos los niveles de la sociedad. En las escalas menores el poder adquiere importancia también a la luz de la formación de embriones de nueva civilización, en la entramada de diferentes formas de autoorganización o autogestión. En gran escala lo tendríamos en lugares de mayor «volumen», concentrado, con también mayor irradiación. Hay una sugerencia de los estructuralistas de considerar el poder a partir de determinado umbral, donde tenga socialmente «efecto pertinente», dicen. Dejarían fuera una serie de comportamientos, también ideas y representaciones, que hacen a la variedad del animal humano y a los cambios lentos que la ideología tiene. Todo un campo de relaciones interpersonales. Es una sugerencia a tener clases, la lucha, la resistencia. Existen simultáneamente y así se despliegan. Siguiendo este ejemplo, decir producción en el sistema capitalista es decir clases, decir plusvalía es decir explotación, decir clases es decir grados de resistencia.[6]

Conclusiones

Se ha cuestionado y se sigue cuestionando la vigencia del anarcosindicalismo como fórmula de transformación social, sobre eso se ha dicho y escrito mucho en los últimos años, pero lo cierto es que, pese a ello, es la única fórmula que sigue teniendo una presencia real de cierto peso en el mundo son confederaciones sindicales como la CGT en España, la SAC en Suecia, la CNT en Francia, etc. Éstas son las únicas organizaciones del ámbito libertario que cuentan con un número importante de afiliados, tienen una estrecha relación con la sociedad y cuentan con cierta capacidad de incidir en la realidad.

Por suerte o por desgracia, hoy por hoy, el movimiento libertario no es capaz de desarrollar ningún proyecto importante al margen del viejo esquema anarcosindicalista. Eso sí, ideas no faltan.


[1] Mijail Bakunin, Programa de la Fraternidad internacional, 1872.

[2] Piort Archinov, «Lo viejo y lo nuevo en el anarquismo», Dielo Trouda, número 30, mayo 1928.

[3] En las elecciones generales de 1936 el Partido Sindicalista consiguió dos escaños en el Parlamento. En el momento de su disolución (1937) el partido contaba con unos 30.000 afiliados.

[4] Ángel Pestaña, Por qué se constituyó el Partido Sindicalista.

[5] Para más información, véase Polémica, número 68, abril de 1999.

[6] Documento Wellington Gallarza y Malvina Tavares: material de trabajo hacia la formación teórica conjunta FAU-FAG.

Eutanasia. El derecho a disponer de la propia vida

Alberto GINESTA

El doctor Luis Montes

El término eutanasia procede del griego eu (bien) y thanatos (muerte). Hace referencia a la idea de bien morir, con dignidad y sin sufrimientos inútiles. Recientemente el Congreso ha aprobado un proyecto de ley para regular este derecho largamente esperado y bloqueado sistemáticamente por la Iglesia católica y la derecha política y mediática.

Reproducimos aquí un trabajo publicado en 2009, con ocasión de la miserable campaña orquestada por la miserable Esperanza Aguirre, entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, contra el doctor Montes.


Sigue leyendo

Quico Sabaté. Asesinado en enero de 1960

Este año se conmemoró el 60 aniversario de la muerte de Quico Sabaté. Vamos a recordar los hechos inmediatos a aquel acontecimiento.

Quico Sabaté

A mediados de diciembre de 1959 Quico Sabaté planea su regreso a Barcelona para reanudar la lucha que había iniciado quince años antes. No cuenta con el apoyo de la organización libertaria en el exilio, que hace años decidió abandonar la lucha armada. Tiene 44 años y su salud ya no es lo que era, apenas se ha recuperado de la perforación de estómago que le llevó al quirófano con carácter de urgencia unos meses antes. Se enfrenta a un régimen que se ha consolidado en el interior gracias a una represión implacable y que, gracias al apoyo de Estados Unidos, se ha congraciado con la comunidad internacional. Toda su red de apoyo en el interior está desmantelada, lo que le obligará a empezar de cero. Y, por si todo esto fuera poco, la policía española, que conoce sus intenciones, le espera en la frontera con un formidable despliegue de vigilancia.

Sigue leyendo

El Peri

El pasado 18 de noviembre murió Pedro Guirao, más conocido como Periconti o, simplemente, Peri.

Peri.1Conocí al Peri a mediados de los años noventa. Si no recuerdo mal, en 1995. En ese año, una serie de grupos ­–seis para ser precisos– que nos dedicábamos a diferentes tareas nos reunimos para iniciar un proyecto, novedoso en aquel momento: crear un local en el que, por su tamaño y condiciones, pudiéramos, además de desarrollar nuestra trabajo habitual, albergar actividades de otros grupos u organizaciones. En el proyecto nos volcamos el Consejo de Redacción de Polémica, junto con el Ateneu Llibertari de Poble Sec, el archivo Biografic, La Petra –un estudio de diseño–, una gente que se hacía llamar La Canalla y quería montar una especie de guardería infantil cuya naturaleza y finalidad reconozco que nunca llegué a entender, y el grupo del Peri, que pensaba montar un «estudio audiovisual». Hay que decir que el tal estudio no llegaron a montarlo nunca, pero tuvieron la delicadeza de esperar a que el local estuviera listo y el proyecto en marcha para decidir abandonar su propósito. Sigue leyendo

Los padres de la patria y su té. Crónica del Tea Party

Yago VARELA HERRERA

1288359869_0

David y Charles Koch

En algún punto del periodo que va desde los padres fundadores, que se arrogaban la libertad de matar a los que carecieran de un título de propiedad, y la actualidad, en la que sus herederos políticos luchan contra los derechos sociales, aparecen los hermanos Koch y su conglomerado político-empresarial: el Kochtópodo. Toda su gloria y grandeza proviene de su táctica principal: cuando corren ríos de sangre en las calles, se apresuran a hacerse con el mayor dinero posible. Andando, eso sí, de puntillas para, en la medida de lo posible, evitar mancharse demasiado. Sigue leyendo

Piotr Kropotkin. El paje del Zar que se convirtió en anarquista

James JOLL

Kropotkin con el uniforme del Cuerpo de Pajes del zar

Kropotkin había nacido en 1842 en el seno de una de lasfamilias más rancias de la nobleza rusa. Ya desde niño demostró particularesaptitudes para la literatura y la especulación intelectual. En sus Memorias de un Revolucionario ofrece unavívida y singular descripción de la conversación que una tarde tuvo con suhermano, quien se había escapado de la Escuela Militar para ir a verle;estuvieron juntos hasta medianoche, «charlando sobre la nebulosa y la hipótesisde Laplace, la estructura de la materia, las luchas del papado con el poderimperial bajo Bonifacio VIII y sobre otras muchas cosas». No obstante,Kropotkin recibió una educación sumamente rígida, pasando a formar parte,personalmente recomendado por el zar Nicolás I, del Cuerpo de Pajes, lo que seconsideraba un privilegio. Pero no tardó en rebelarse contra la disciplina ylos convencionalismos de la vida cortesana, solicitando, con gran pesar porparte de su familia, que se le destinase a un regimiento destacado en Siberia,donde con tiempo sobrado para leer y meditar empezó a considerar los problemassociales y filosóficos. Leyó a Proudhon y se interesó vivamente en los temas dela reforma carcelaria. Al mismo tiempo, sacó partido de su permanencia en unaremota zona del Asia central para convertirse en un geógrafo y austeroexplorador científico. Sus muchas lecturas, su actividad científica y suexperiencia –que debía al hecho de ser miembro del cuerpo de los grandeshacendados– en los problemas agrarios de los días de la emancipación de lossiervos, así como la ira que suscitó en él el trato dispensado a losprisioneros polacos tras la revuelta de 1863, contribuyeron a reforzar laindependencia de su carácter, encaminándole por los cauces del radicalismopolítico.

Sigue leyendo

La obediencia

Félix CARRASQUER

Carrasquer_Felix_annees_1980

Félix Carrasquer

Solemos suponer que el concepto antitético de la libertad es la tiranía, lo que no es descabellado, pero no podría haber tiranía ni autoridad en su amplísima gama sin la actitud resignada de obediencia. Obedecer no es solamente actuar al dictado de otro; implica además renunciar de la propia iniciativa y un sometimiento que nos acostumbra a la pereza mental y a un cierto grado de amorfismo, en consecuencia. Analizado el hábito de obedecer desde esta perspectiva se nos presenta como un ademán de funestísimas consecuencias, puesto que hace al sujeto siervo de una voluntad ajena en lamentable detrimento de la formación de su propia personalidad.

Sin embargo, se nos dirá: ¿Los que no obedecen, en la infancia muy especialmente, no acabarán siendo unos díscolos o inadaptados? Desgraciadamente así piensan demasiadas personas moldeadas por la costumbre y el autoritarismo imperante. Si obedecer implica sumisión y actuar sin intervención del yo inteligente, las actividades o gestos del sujeto son meramente automáticos, y exentos, por ello, de la motivación que estimula y les proporciona interés. Y si obedecer dificulta la estructuración de la personalidad y hace al individuo proclive a la indiferencia y la pereza, la obediencia será mucho más nociva para los jóvenes que están en el delicado período de organizar su mente y vitalizar su sentido crítico, que es lo más valioso que los seres humanos atesoramos para distinguir lo conveniente de lo morboso y lo exacto de lo erróneo. Nunca es beneficioso obedecer; pero cuando el sometimiento hace más daño es durante la infancia. Sigue leyendo

El mutualismo como iniciación al anarquismo

Víctor GARCÍA

Proudhon

Proudhon

En su pesimista, pero bien documentada obra, George Woodcock1 señala que el Marqués de Condorcet «ya adelantó, cuando se ocultaba de los jacobinos, la idea de mutualidad, que habría sido uno de los dos pilares en que se asentó el anarquismo proudhoniano». El otro fue el federalismo.

Puede que para su idea fundamental, Proudhon, se basara en las enseñanzas del científico francés que fue víctima de la Revolución de 1789, pero parece mucho más probable que lo hiciera en lo que aprendió de los obreros de Lyon, con quienes convivió durante una fase larga de su vida y que le facilitaron todo el material que nuestro filósofo precisaría para la estructura de su idea matriz.

A su vez, el mutualismo no tiene su origen en Lyon sino en Rouen, como muy sesudamente fue estudiado por Fernand Rude en Le Role de P. Charnier, fondateur du Mutualisme a Rouen y en Le Mouvement ouvrier a Lyon de 1827 a 18322 y de él arranca el movimiento sindicalista francés, mayormente organizado con un sorprendente anonimato a pesar de que destacaron figuras como las de Charnier, Bernard, Bouvery entre otras. Sigue leyendo

Un manifiesto socialista

Erich FROMM

Erich_Fromm_1974

Erich Fromm

Erich FROMM, psicoanalista americano de origen alemán, nacido en Fráncfort del Mein (1900-1980). Psicoanalista en el Instituto de Berlín, colaboró en la década de 1930 en los trabajos de la Escuela de Fráncfort, y con la llegada del nazismo emigró a Estados Unidos, donde enseñó en varias universidades, dando una amplitud al psicoanálisis que no tenía. Entre sus obras destacan El miedo a la libertad (1941, una de sus obras fundamentales), La condición humana actual, Humanismo socialista, ¿Podrá sobrevivir el hombre?, Y seréis como dioses, El arte de amar, El dogma de Cristo, La crisis del psicoanálisis.

Aun cuando el curso de los actuales acontecimientos no discurre por esas coordenadas de mutua cooperación, libertad y respeto que el autor ofrecía en sus certeras reflexiones, resulta oportuno recordar en estas páginas este llamado «Manifiesto socialista», seguros de que todavía encontrará eco en esta sociedad que sigue padeciendo hambre y sed de justicia. Sigue leyendo

Poderes y cultura: instituciones y creación

Francisco CARRASQUER

Si en principio nos parecen dos conceptos incompatibles, para demostrarlo palmariamente, bien podríamos empezar partiendo de la contradicción que entraña el término «instituciones culturales». De momento es un hecho que estamos invadidos y, por lo tanto, empapados por esa expresión ubicua y omnipresente como Dios, y así no hay hora del día y de la noche que no nos asalte con una u otra institución cultural, ya sea de alcance local, regional o nacional, ya por vía de la tele, de la radio, de la prensa, de la publicidad en la calle, en los tablones de anuncios y periódicos murales que cuelgan en los vestíbulos de escuelas, iglesias, academias, universidades, ateneos, bibliotecas, sociedades recreativas y comercios en general. Sigue leyendo

Sanidad, asistencia social y eugenesia en la Revolución española

Félix MARTÍ IBÁÑEZ

martiibanyez01

Félix Martí

Creo de interés para mis fraternales lectores de ESTUDIOS, ofrecerles una breve reseña de lo que en sanidad, asistencia social y eugenesia hemos realizado en Cataluña en los meses que lleva la CNT en el Consejo de Gobierno, bajo las orientaciones de mi admirado compañero Dionysios, que tan espléndidamente inició estas tareas, y Pedro Herrera, que tan entusiásticamente las continúa. Ofrendo este artículo a la ministro de Sanidad de la República, Federica Montseny, nuestra infatigable compañera y luchadora, de cuya inteligente y entusiasta actuación surgirá una sanidad y asistencia social henchidas de humanismo y sentido revolucionario.

Dr. F. MARTÍ IBÁÑEZ. Director General de Sanidad y Asistencia Social de Cataluña. Subsecretario de Sanidad de la República. (De Estudios, n.º 160, Valencia, enero 1937)

Sigue leyendo

Miguel Labordeta. Ciudadano del mundo

Francisco CARRASQUER

MIGUEL_LABORDETA

Miguel Labordeta

Este verano [de 1989] se han cumplido los 20 años de la muerte de Miguel Labordeta (Zaragoza, 16-7-1921 – Íd. l-8-1969). Y como la crítica ha sido un poco injusta con este singular poeta, a pesar de haber sido uno de nuestros más originales vates superrealistas de la posguerra, queremos reivindicar su memoria en este rincón, sin alharacas ni campanas de oficio.

Labordeta (¡cuidado, que hablamos de Miguel, el mayor, y no del menor, 14 años más joven y cantautor) ha tenido en contra para su merecida fama el haberse mantenido en aquella enorme contradicción de su Oficina Poética Internacional sin apenas salir de Zaragoza, o sea, en una caja provinciana sin resonancias. Una de las primeras campanadas de palinodia y puesta en valor me consta que la dio José Batlló en el prólogo a su antología Nueva Poesía Española (Barcelona, 1966 y La Habana, 1968), donde reivindica el derecho de Miguel Labordeta a figurar entre los más señeros innovadores de la poesía española de posguerra. También le perjudicó, en ese mismo sentido de quedarse arrumbado, el hecho de haber publicado mal y con censura, así como el haber muerto tan tempranamente (a los 48 años) cuando aún es taba a media carrera de su órbita poetizante y ya en puertas de ser más conocido y reconocido en el país. Sigue leyendo

Buenaventura Durruti o el heroísmo bien entendido

Felipe ALÁIZ

durruti3

Durruti

A veces la simpatía por Durruti llegó a regiones de fervor religioso y de mística sentimental. El culto a los héroes es tan viejo como el mundo. Carlyle le dio significación porque, en su época, el culto a los héroes no era el culto plural y anónimo de ahora. Hoy, en la inmediación de Durruti y en la lejanía espacial de sus años y de los nuestros, vemos millones de héroes. Y una fuerte impulsión nos acerca a su sacrificio total, a su vida malograda y a su tránsito, pero nos aleja de cualquier personalización mística, de cualquier deificación.

El culto al héroe habría de consistir en darle amplitud. Entre los muertos por una noble causa no puede separarse a uno solo. De la misma manera que los héroes eran poco numerosos en los tiempos de Carlyle, poco numerosos desde el punto de vista de la vida entregada por los demás, hoy forman legión. Su número, después de las hecatombes de estos últimos tiempos, sobrepasa el censo total de los ejércitos de Napoleón y de sus enemigos en mar y tierra. Es imposible que a tantos millones de víctimas los represente una sola víctima. En cambio, la totalidad de sacrificados representa cumplidamente al sacrificado personal por singular que sea. Incluso la opinión se polariza a veces desde 1918 en el soldado desconocido y no en tal o cual combatiente. Podemos separar de ese culto al soldado desconocido lo que tiene de religión y hasta darle el significado diferencial concreto que difiere de otros sacrificios anónimos. Podemos dar al anónimo social combatiente todas las variantes que tiene y que no son pocas. Lo que no podemos hacer es cultivar la magia creyendo que un solo hombre, sea quien sea, puede compensar con heroísmo ni con nada la insuficiencia combativa procurada por la falta de asistencia en las alturas. Sigue leyendo

Populismo, obrerismo y fascismo en Brasil y Argentina

Ángel J. CAPPELLETTI

Getúlio_Vargas

Getúlio Vargas

La ideología revolucionaria, radicalmente contraria al capitalismo y al Estado, definidamente antimilitarista y anticlerical, que impregnaba al movimiento obrero brasileño y a la COB (Confederación Obrera Brasileña)1 en 1912, aguzó el ingenio de la burguesía y de los gobernantes. Convencidos de que la represión, por más que se extendiera y agudizara, resultaba insuficiente para detener la ola subversiva, se dedicaron a buscar nuevos métodos neutralizadores. Advirtieron que debían desechar (o guardar para casos extremos) la violencia policial y militar. Se dieron cuenta de que para conservar lo esencial del orden burgués debían ceder en todo lo que fuera accesorio. Más aún, entendieron que era necesario cambiar muchas cosas para que no cambiara lo fundamental: la estructura de clases, el poder del dinero, la coacción estatal, los privilegios de la burguesía, el «status» privilegiado del ejército y la Iglesia. Sigue leyendo

Una nueva moral sexual como base de las conquistas revolucionarias

Félix MARTÍ IBÁÑEZ

amorenguerraFélix Martí Ibáñez, (25/12/1911 – 24/41972)​ fue un médico psiquiatra cuya filiación anarquista le llevó a asumir la responsabilidad de la sanidad en la Columna Durruti y fue subsecretario de Sanidad del gobierno de la II República y director general de Sanidad y Asistencia Social de la Generalidad de Cataluña.

La Revolución española no solamente ha representado una trepidación social que conmoverá durante mucho tiempo todas las columnas que sustentan la actual Historia Universal, sino también un tránsito cronológico tan rápido a nuevas ordenaciones sociales, que precisa revisar todos nuestros antiguos conceptos para adaptarlos al mundo de hoy en que habitamos. La moral sexual es acaso el aspecto que más urgentemente reclama una revisión a la luz de las estrellas revolucionarias.

Ideológicamente, ya tenía el proletariado una orientación precisa en cuanto a su actividad sexual. Una sólida preparación teórica en todos los órdenes. Pero hoy, que hemos visto desmoronarse tantas convicciones al roce de la áspera realidad, precisa volver a corregir la brújula revolucionaria, para que señale siempre el norte de una actuación clara y definida. Y ese es nuestro problema actual. Sigue leyendo

Fragmentos de la historia del anarquismo en los Balcanes

Trivo INDIC

175492863-38811882

Atentado en Sarajevo

Las ideas libertarias entran en tierras yugoslavas en la segunda mitad del siglo XIX, llevadas por los yugoslavos que trabajaban o estudiaban en varios países en los que se había desarrollado ya el movimiento obrero. Uno de los primeros que abrazó las ideas de Proudhon fue el socialista serbio, Zivojin Zujovié (1838-1870), durante sus estudios de Derecho y de Economía en Múnich y Zúrich. Actuó como el primer socialista en Serbia y fue maestro de Svetozar Markovié (1846-1875), organizador y teórico del movimiento obrero serbio.

En aquella época hubo en Suiza una numerosa colonia de estudiantes eslavos del Sur, que mantenían contactos con Bakunin y la Sección Eslava de la Federación Jurasiana. Entre ellos, estaban Jovan Zujovit, Manojlo Hrvaéanin, Pera Todorovié y otros. A primeros de julio de 1872, en Zúrich tuvo lugar el Congreso de los socialistas serbios, con la presencia de Bakunin, siendo aprobado el programa del Partido Socialista Serbio. Sigue leyendo

La socialización de la medicina en la II República

Félix MARTÍ IBÁÑEZ

Este artículo apareció por primera vez en la revista Tiempos Nuevos, en enero de 1937. Su autor, Félix Martí Ibáñez, (25/12/1911 – 24/41972)​ fue un médico psiquiatra cuya filiación anarquista le llevó a asumir la responsabilidad de la sanidad en la Columna Durruti y fue subsecretario de Sanidad del gobierno de la II República y director general de Sanidad y Asistencia Social de la Generalidad de Cataluña.

martiibanyez01

Félix Martí

No existe otra salida del caos en el cual hasta hoy vivió sumida la Medicina que la socialización de la misma. Y hacía ya tiempo que, como un ideal utópico, flameaba sobre las cabezas de los artífices de la Medicina la imagen del día en el cual, socializada la Sanidad, pudiese el profesional vivir liberado de las amarguras que aquélla le ocasionaba.

En 1882, Stein ensoñaba con hacer independiente la protección de la salud popular de la falta de recursos económicos. Lo cual entonces, en la época de puritanismo imperante, suscitó una polvareda pasional que ahogó el noble clamor de Stein.

Revisemos previamente, de modo sintético, cuantos tímidos tanteos de socialización de la Medicina se han verificado hasta el momento presente. Sigue leyendo

Francisco Ferrer Guardia, representante del 98

Diego ABAD DE SANTILLÁN

Ferrer detingutFrancisco Ferrer Guardia, propulsor de la educación popular laica, no es un acontecimiento aislado y único en España. La necesidad de escuelas era tal y la desidia de las clases gobernantes tan grande que no hay que asombrarse de la existencia de voces reclamando remedio a ese mal. A mediados del siglo XIX, Ignacio Cervera, republicano activo, con tintes de fourierismo, instaló en Madrid una escuela para obreros e hijos de obreros. Su dedicación a la enseñanza no le impidió participar en cuanta conspiración antimonárquica se presentaba y la cárcel solía ser una de sus residencias habituales. En su escuela dieron lecciones los hombres más dinámicos y avanzados de su tiempo, los Sixto Cámara, Ordaz Avecilla, Pi i Margall. Sigue leyendo

La educación del porvenir

Francisco FERRER GUARDIA

Francesc_Ferrer_i_GurdiaLa idea fundamental de la reforma que introducirá el porvenir en la educación, consistirá en reemplazar, en todos los modos de actividad, la imposición artificial de una disciplina convencional por la imposición natural de los hechos.

Considérese lo que se hace al presente: fuera de las necesidades del niño, se elabora un programa de los conocimientos que se juzgan necesarios a su cultura, y, de grado o por fuerza, sin reparar en los medios, es preciso que los aprenda.

Pero únicamente los profesores comprenden ese programa y conocen su objeto y su alcance; no el niño. He ahí de donde proceden todos los vicios de la educación moderna. Quitando a los actos su razón natural, es decir, la imposición de la necesidad del deseo; pretendiendo reemplazarla por una razón artificial, un deber abstracto, inexistente para quien no puede concebirlo, se ha de instituir un sistema de disciplina que ha de producir necesariamente los peores resultados: constante rebeldía del niño contra la autoridad de los maestros; distracción y pereza perpetuas, mala voluntad evidente. ¡Y a qué maniobras han de recurrir los profesores para dominar la irreductible dificultad! Por todos los medios, algunos procuran captar la atención del niño, su actividad y su voluntad, siendo los más ingeniosos en tales prácticas considerados como los mejores educadores. Sigue leyendo

Carta de Kropotkin a Ferrer Guardia

Este es el contenido de la carta que Piotr Kropotkin envió Francisco Ferrer Guardia con motivo de la publicación de la revista L’École Rénovée.

Querido compañero y amigo:

Veo con placer que lanza usted a la publicidad L’École Rénovée y siento no poder dedicar a esta publicación todo el apoyo que desearía prestarle.

ferrer2Todo está por hacer en la escuela actual. Ante todo la educación propiamente dicha, es decir, la formación del ser moral, o sea el individuo activo, lleno de iniciativa, emprendedor, valiente, libre de esa timidez del pensamiento que caracteriza al hombre educado en nuestra época, y al mismo tiempo sociable, capaz de sentir su unidad con todos los hombres del universo entero, y, por tanto, despojado de las preocupaciones religiosas, estrictamente individualistas, autoritarias, etc., que nos inculca la escuela. Sigue leyendo